"Si luchas, puedes perder. Si no luchas, estás perdido"

Autor del blog: David Salinas España.


sábado, 10 de diciembre de 2016

LA CLASE MEDIA ANESTESIADA


Diana tiene 35 años, es madre de dos hijos, posee una licenciatura y un doctorado y desde hace más de 6 años trabaja en la junta directiva de una multinacional. Aunque su empleo, como el de casi todos los mortales, no está garantizado, porque hoy te despiden por cualquier cosa, Diana al menos tiene la tranquilidad de estar casada con Carlos, que es funcionario, y sabe que si algún día ella se viera en el paro, con la prestación por desempleo y el sueldo de su marido podrían salir del bache. Por otro lado, el currículum de Diana es bastante completo, por lo que se siente con la confianza de que si llegaran a despedirla, podría encontrar trabajo de nuevo fácilmente. Por estos motivos y porque además, aunque viven sin ninguna clase de lujo superficial, Diana y Carlos llegan de manera holgada a final de mes, deciden un día, por qué no, invertir una parte de sus ahorros en un fondo de inversión de su banco. Así, ese dinero que inviertan podrán rentabilizarlo y usar las ganancias en el futuro para pagar los estudios superiores de sus hijos o para regalarse un viaje por el mundo o para ya veremos.

Cristóbal también tiene 35 años, y al igual que Diana, dos hijos pequeños y una licenciatura y un doctorado. Sin embargo, como muchos mortales, la mayor parte de su vida laboral sólo ha podido acceder a empleos precarios y para los que estaba sobrecualificado. Por suerte, su mujer, Laura, sí estaba fija como operaria en la cadena de producción de una importante empresa de congelados (a Cristóbal nunca le importó que ella tuviera sólo estudios primarios, se enamoró por su sonrisa), así que Laura y Cristóbal decidieron meterse en una hipoteca para comprar una casa en la que vivir con los dos pequeños, y la firmaron con el mismo banco en el que Diana y Carlos metieron su dinero en el fondo de inversión, sin tener muy claro que por el piso de 150.000€ que estaban comprando, acabarían probablemente pagando  casi el doble en concepto de intereses, cosa que por cierto, nunca llegó a pasar, porque en la empresa de Laura hicieron un ERE, la despidieron, y como Cristóbal por aquella época estaba parado, no pudieron hacer frente a la hipoteca, y acabarían en la calle cuando el banco decidió ejecutar aquélla y quedarse con la casa.

Mario tiene 50 años, un doctorado en Económicas, y es director de banco. El director del mismo banco donde Diana y Carlos tienen depositado su dinero en el fondo de inversión. El director del mismo banco que se quedó la casa donde vivían Cristóbal y Laura, echándoles a la calle con sus dos críos pequeños. Su sueldo de banquero, bastante alto, le permite una vida más que cómoda, pero eso no significa que sea insensible a los dramas del ser humano. Claro que es contrario a la pobreza y a la desigualdad, claro que se emociona e indigna cuando ve a niños del Tercer Mundo explotados, claro que le gustaría no haber echado a la calle ni a Cristóbal ni a Laura ni a las otras 500 familias que sólo su entidad bancaria ha expulsado durante este año. Pero no podía, porque Mario, como sus Homogéneos, es el Encargado de cuadrar las cuentas. Y las cuentas cuadran cuando los beneficios anuales de La Entidad superan los del año pasado, porque si no fuera así, si Él y sus Homogéneos no cuadraran las cuentas, los ahorradores, inversores y accionistas de La Entidad, al ver que en Otras Entidades las cuentas sí que cuadran, empezarían a molestarse, y podrían retirar su dinero de La Entidad. De hecho, fue lo que pasó cuando Diana y Carlos vieron que su dinero en el fondo de inversión de su banco sólo les rendía al 5%, y en otro banco les ofrecían una rentabilidad del 5´9.

Unos años después de esta historia, Diana y Carlos pudieron cumplir su sueño de viajar por el mundo. Vivieron grandes experiencias, y vieron muchas cosas, algunas buenas, y otras malas... Pero Diana nunca olvidará, nunca, el día aquél en que una lágrima furtiva le resbaló por la mejilla, al ver el rostro cansado de una niña africana de 10 años tejiendo uniformes para una subcontrata situada en un recóndito lugar del Tercer Mundo. Los mismos uniformes que llevan los trabajadores de la empresa de congelados de la que despidieron a la mujer de Cristóbal, la misma empresa que tiene sus acciones depositadas en el mismo banco que gestiona el fondo de inversión donde ahora Diana y Carlos tienen los ahorros de su vida.

Feliz Día de los Derechos Humanos.

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