"Si luchas, puedes perder. Si no luchas, estás perdido"

Autor del blog: David Salinas España.


lunes, 1 de mayo de 2017

LA DICTADURA DEL CAPITAL

Es increíble. Es increíble y horroroso al mismo tiempo, lo estúpidos que podemos llegar a ser.

El capitalismo es sin lugar a dudas la mayor prueba de lo infinita y trágica que es la estupidez humana.

Hemos generado, o facilitado o mantenido, o bien permitido que generen, faciliten o mantengan, un sistema socio-político-económico que es una gran falla. Y no lo es sólo porque en lugar de erradicar problemas como la pobreza, la desigualdad o el impacto medioambiental, los agraven (por si no fueran motivos suficientes), es también un error porque no da respuesta a la principal pregunta que se hace el ser humano desde que hace poco más de un siglo su esperanza de vida aumentó en décadas gracias a los avances de la medicina: ¿cómo soy feliz?

Desde que vivimos más tiempo, ya no es la supervivencia del individuo, la familia o la sociedad lo que nos preocupa, ahora lo es la felicidad. Y sin embargo, el Sistema Capitalista sigue apoyándose en indicadores económicos como el PIB para medir el crecimiento de las comunidades, en lugar de basar este crecimiento en indicadores psicosociales como la Percepción de Bienestar Subjetivo o la Salud Mental.

El resultado: tenemos gente que está deprimida siendo rica porque creen que eso es la felicidad, gente que es pobre y está deprimida porque son pobres, y gente de clase media que está deprimida porque quieren ser ricos.

Por otra parte, este infame Sistema Capitalista no recompensa el verdadero esfuerzo. Quien lo vea así, se está dejando llevar por el autoengaño. Para quien lo vea así: te han vendido la moto. Pero mucho. Puede haber esfuerzo al principio, sin duda. Hay gente que ha llegado a "lo más alto" (en cuanto a acumulación de riqueza y poder sin duda... ¿pero en cuanto a felicidad?), de la nada, a base de esfuerzo, trabajo, sacrificio, ahorro... al principio. Toda inversión de gotas de sudor y lágrimas tiene su límite, tanto en el coste como en el beneficio.

El Sistema Capitalista recompensa al Capital. Puedes ser pobre, trabajar mucho y ganar algo de dinero, y a partir de ahí hacer un par de inversiones y, si tienes suerte, que te den beneficios, y multiplicar éstos con otro par de inversiones, y coger los beneficios de estas últimas y multiplicarlos con otro par... Y así hasta el infinito. La Gran Maquinaria de Mierda ha empezado a funcionar. Y ese sujeto que en un principio se había esforzado y trabajado, ahora sólo vive de la renta que le dan sus inversiones.

Así se crea la acumulación de riqueza, así se crea la desigualdad, y así se crea un sistema que recompensa al que tiene dinero, al que tiene poder, en lugar de al que trabaja más, o al que más talento tiene o al que más bien aporta a la sociedad y al mundo con su trabajo. Por eso son ricos los usureros y mercaderes (banqueros y empresarios) y no los médicos, profesores, investigadores, poetas o cineastas.

¿Por qué debemos aceptar como premisa que debe ganar más dinero el que más dinero hace? ¿Por qué? ¿No hay otras cosas que hacer más importantes que el dinero? Salvar vidas, educar, entretener, hacer un mundo mejor.

¿Creéis que se puede hacer un mundo mejor dentro de un sistema cuyo índice del crecimiento humano es la riqueza material, y cuyo máximo valor de recompensa es el dinero?

Debería daros vergüenza ser tan estúpidos.

Sólo saldremos de esta Dictadura del Capitalismo cuando entendamos que las crisis ni son cíclicas ni son por tanto crisis, ni son culpa de los políticos, los empresarios, los banqueros, o los votantes...

De las crisis se aprende, se crece. Y nosotros ni hemos aprendido ni hemos crecido. Los trastornos de ansiedad y depresión sí lo están haciendo, al mismo tiempo que crece la desigualdad en un mundo que se nos muere.

Estamos dentro de un Sistema Fallido y es responsabilidad de cada uno de nosotros salirse del Sistema.

Dándole la vuelta a la maldita escala de valores. Que no sean los que más dinero hacen los que más ganen, sino los que más bienestar aportan. Que no sea el dinero la máxima ganancia, sino la felicidad.

Que no sea el dinero lo que mueva el mundo, sino el amor.

sábado, 10 de diciembre de 2016

LA CLASE MEDIA ANESTESIADA


Diana tiene 35 años, es madre de dos hijos, posee una licenciatura y un doctorado y desde hace más de 6 años trabaja en la junta directiva de una multinacional. Aunque su empleo, como el de casi todos los mortales, no está garantizado, porque hoy te despiden por cualquier cosa, Diana al menos tiene la tranquilidad de estar casada con Carlos, que es funcionario, y sabe que si algún día ella se viera en el paro, con la prestación por desempleo y el sueldo de su marido podrían salir del bache. Por otro lado, el currículum de Diana es bastante completo, por lo que se siente con la confianza de que si llegaran a despedirla, podría encontrar trabajo de nuevo fácilmente. Por estos motivos y porque además, aunque viven sin ninguna clase de lujo superficial, Diana y Carlos llegan de manera holgada a final de mes, deciden un día, por qué no, invertir una parte de sus ahorros en un fondo de inversión de su banco. Así, ese dinero que inviertan podrán rentabilizarlo y usar las ganancias en el futuro para pagar los estudios superiores de sus hijos o para regalarse un viaje por el mundo o para ya veremos.

Cristóbal también tiene 35 años, y al igual que Diana, dos hijos pequeños y una licenciatura y un doctorado. Sin embargo, como muchos mortales, la mayor parte de su vida laboral sólo ha podido acceder a empleos precarios y para los que estaba sobrecualificado. Por suerte, su mujer, Laura, sí estaba fija como operaria en la cadena de producción de una importante empresa de congelados (a Cristóbal nunca le importó que ella tuviera sólo estudios primarios, se enamoró por su sonrisa), así que Laura y Cristóbal decidieron meterse en una hipoteca para comprar una casa en la que vivir con los dos pequeños, y la firmaron con el mismo banco en el que Diana y Carlos metieron su dinero en el fondo de inversión, sin tener muy claro que por el piso de 150.000€ que estaban comprando, acabarían probablemente pagando  casi el doble en concepto de intereses, cosa que por cierto, nunca llegó a pasar, porque en la empresa de Laura hicieron un ERE, la despidieron, y como Cristóbal por aquella época estaba parado, no pudieron hacer frente a la hipoteca, y acabarían en la calle cuando el banco decidió ejecutar aquélla y quedarse con la casa.

Mario tiene 50 años, un doctorado en Económicas, y es director de banco. El director del mismo banco donde Diana y Carlos tienen depositado su dinero en el fondo de inversión. El director del mismo banco que se quedó la casa donde vivían Cristóbal y Laura, echándoles a la calle con sus dos críos pequeños. Su sueldo de banquero, bastante alto, le permite una vida más que cómoda, pero eso no significa que sea insensible a los dramas del ser humano. Claro que es contrario a la pobreza y a la desigualdad, claro que se emociona e indigna cuando ve a niños del Tercer Mundo explotados, claro que le gustaría no haber echado a la calle ni a Cristóbal ni a Laura ni a las otras 500 familias que sólo su entidad bancaria ha expulsado durante este año. Pero no podía, porque Mario, como sus Homogéneos, es el Encargado de cuadrar las cuentas. Y las cuentas cuadran cuando los beneficios anuales de La Entidad superan los del año pasado, porque si no fuera así, si Él y sus Homogéneos no cuadraran las cuentas, los ahorradores, inversores y accionistas de La Entidad, al ver que en Otras Entidades las cuentas sí que cuadran, empezarían a molestarse, y podrían retirar su dinero de La Entidad. De hecho, fue lo que pasó cuando Diana y Carlos vieron que su dinero en el fondo de inversión de su banco sólo les rendía al 5%, y en otro banco les ofrecían una rentabilidad del 5´9.

Unos años después de esta historia, Diana y Carlos pudieron cumplir su sueño de viajar por el mundo. Vivieron grandes experiencias, y vieron muchas cosas, algunas buenas, y otras malas... Pero Diana nunca olvidará, nunca, el día aquél en que una lágrima furtiva le resbaló por la mejilla, al ver el rostro cansado de una niña africana de 10 años tejiendo uniformes para una subcontrata situada en un recóndito lugar del Tercer Mundo. Los mismos uniformes que llevan los trabajadores de la empresa de congelados de la que despidieron a la mujer de Cristóbal, la misma empresa que tiene sus acciones depositadas en el mismo banco que gestiona el fondo de inversión donde ahora Diana y Carlos tienen los ahorros de su vida.

Feliz Día de los Derechos Humanos.

domingo, 23 de octubre de 2016

PEDAGOGÍA PARA EL VOTANTE SOCIALISTA

Desde el PSOE se ha insistido mucho en esta semana sobre que había que hacer mucha pedagogía dirigida hacia el votante socialista para que entendiera la barbaridad que su Comité Federal acaba de hacer hoy.

Lo que pasa es que cuando la pedagogía es ejercida por farsantes y mentirosos, no es justo llamarla pedagogía, y más preciso sería llamarla: manipulación.

Seamos honestos desde el principio si queremos transmitir una verdadera pedagogía al votante del PSOE: hoy su partido ha tomado sin lugar a dudas la mejor decisión que podía tomar. La abstención hace que el PP gobierne en minoría. La no abstención nos llevaba a unas terceras elecciones y a la posibilidad (más que probable) de que el PP alcanzara la mayoría absoluta.

Sin embargo, ¿qué ha llevado a que el PSOE tuviera que elegir hoy entre muerte y muerte, y no susto y muerte como en el chiste? Que hace unas semanas una parte importante del partido, encabezada por sus "barones", hiciera todo lo no escrito para echar al Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, traicionando a la militancia, para impedir a aquél intentar dos alternativas posibles al "muerte o muerte": pacto con Podemos y C´s, o pacto con Podemos y partidos independentistas.

Era posible un Gobierno mayoritario de Izquierdas. Las alternativas eran difíciles y nada cómodas para el PSOE, pero factibles, y hacían desbloquear la situación política en nuestro país. Y sin embargo, pedagogía, votante del PSOE, pedagogía:

Tu partido ha hecho todo lo posible y más,
no para desbloquear la situación política
o evitar un Gobierno en mayoría del PP,
como intentarán hacerte creer,
ya que existían otras alternativas más de Izquierda
para desbloquear o evitar la mayoría del PP,
no, tu partido ha hecho todo lo posible,
para darle el Gobierno al PP.

¿Qué vas a hacer ahora? Sé que es difícil lidiar con esto, sé que es duro. Sé que para muchos de vosotros el voto al PSOE tiene connotaciones sentimentales: por la cantidad de tiempo que lleváis haciéndolo, porque además de vosotros le votan vuestros padres, vuestro abuelos... Pero dejar de votarles no es traicionar vuestras raíces, más bien al contrario:

Hoy se ha culminado una traición a los ideales de la Izquierda,
una traición que se llevaba maquinando,perpetrando y consolidando,
desde hace mucho tiempo,
pero hoy, ya no caben más excusas,
ya no cabe más mirar para otro lado.

Hoy he tuiteado en Redes Sociales: desde ya podemos decir que existe una cosa más tonta que un obrero votando a la Derecha, y es un obrero votando al .

Analizándolo ahora me doy cuenta de que ha sido un comentario bastante frívolo, banal y superficial. Votar o no al PSOE no es cuestión de ser más listo, más tonto, o tenerla más grande. Es una cuestión de principios y prioridades.

Si tus principios son exclusivamente los dictados que te han inculcado tus padres o abuelos y no tienes valores propios, adelante, sigue votando al PSOE. Si tu prioridad es seguir con la tradición familiar o con tus propias costumbres, adelante, sigue votando al PSOE.

Si tus principios y prioridades son de Izquierda, de verdadera Izquierda, te darás cuenta como yo que es necesario regenerar y fortalecer la Izquierda en nuestro país, y que no lo pueden hacer ni lo harán nunca aquéllos que traicionan sus valores fundamentales.

No sigas siendo cómplice de esta traición. Podemos hacer las cosas mejor, mucho mejor. Con Pedagogía, con Verdad, y con Cambio.

Hoy, más que nunca, personas como tú y como yo, somos la Izquierda en este país. No lo olvides, cuando haya que actuar en consecuencia. Un fuerte abrazo.

domingo, 17 de julio de 2016

A LOS TERRORISTAS LOS ENGENDRA EL TERROR


¿Queréis acabar con el terrorismo? Cambiad vuestro estilo de vida.

No te juzgo.

No te culpo.

No justifico los actos de violencia.

Simplemente analizo un problema y te ofrezco una solución.

Que un trastornado (porque eso es lo que son todos los terroristas, personas con severos trastornos mentales) coja un camión y mate a más de 80 personas, es un problema. Un problema bien gordo.

Pero no es un problema que se pueda solucionar aniquilando a todos los trastornados mentales homicidas, ya que no sabemos cuántos hay, quiénes son, dónde se esconden... Es imposible detectarlos a todos. Escapan fuera de nuestro control.

Pero el origen del trastorno si es detectable y controlable.

Hay que ir al origen. A las causas.

Y las causas de estos trastornos no son biológicas. Estos trastornados homicidas no nacieron siendo trastornados homicidas. No son psicópatas con una incapacidad genética para sentir empatía. Son personas que se trastornaron y que ahora matan.

Y se trastornaron a causa de la pobreza, de la desigualdad y de las guerras.

Si ves como tu gente se muere por hambre y enfermedades y otros trastornados homicidas te convencen de que la culpa es de los que viven en Occidente porque ellos son capaces de comer marisco todos los días y usan los avances médicos para operarse las tetas o el culo, te puedes volver un trastornado homicida.

Si creces en un barrrio marginal de una nación desarrollada y sientes que te detestan por ser de otro país o de otra raza, que no te dan las mismas oportunidades, y que te están condenando a una vida de miseria, te puedes volver un trastornado homicida.

Si un misil destruye tu casa con toda tu familia dentro, te puedes volver un trastornado homicida.

No juzgo, no culpo, no justifico, simplemente analizo y te ofrezco una solución: acabar con la pobreza, acabar con la desigualdad, acabar con las guerras.

Y eso sí se puede hacer. Porque hay alimentos y recursos económicos de sobra para que todos tengamos una vida digna en este planeta. Porque podemos exigir a nuestros gobernantes desde ya que dejen de vender armas a los países pobres en conflicto y prohiban el comercio de las mismas.

Pero tanto lo uno como lo otro implicaría un descenso en el poder adquisitivo de la mayoría de personas que vivimos en el mundo desarrollado. Un cambio a peor, en nuestro estilo de vida.

Bien... Ése es el coste.

Pero no el coste de tu purga. No escribo esto para que (insisto por 3ª vez) te sientas juzgado o culpable. No te sientas juzgado si tienes un Rolex. Ni culpable si te has comprado el último Ipad. O si juegas al golf, o si vas a esquiar en vacaciones, o si te gastas mucho dinero en ropa o cosas supérfluas... 

Sólo te digo que a los terroristas los engendra el terror. El terror del hambre. El terror del racismo y la desigualdad. El terror de las guerras. Y si matamos el terror mataremos a los terroristas.

¿Cómo? Generando nuevas políticas que de forma real erradiquen la pobreza, reduzcan la desigualdad, y acaben con el negocio de las armas.

¿Y cómo generamos esas políticas los simples ciudadanos, gentes alejadas del poder legislativo y ejecutivo? Reclamando esas políticas, eligiéndolas, y exigiendo su aplicación. Así, por ese orden.

Y... No nos engañemos: asumiendo el coste. La consecuencia de la aplicación de estas medidas sería, insisto, una pérdida de poder adquisitivo. No soy economista, ni brujo ni hechicero, pero creo aventurar que esa pérdida de poder adquisitivo no sería demasiado grande, no al menos para la mayoría de la población de los países desarrollados. Quizá no fuera posible que en tu vida volvieras a poder comprarte un Rolex, o un Ipad, o esquiar en vacaciones...

Decidir si es un precio alto o bajo para acabar con el terror... es una elección que dejo en tus manos.

domingo, 26 de junio de 2016

EL JUEGO



Para los de la abstención...

Jose María O´Kean, economista, ayer en una entrevista para La Sexta Noche, decía esto sobre el Brexit: lo que ha pasado en Reino Unido nos sirve para ver que los movimientos nacionalistas, por un lado, y los antisistema, por otro, no son una moda efímera, sino una respuesta ante el nivel de competitividad que exige el Sistema Globalizado.

Para que lo entendamos, O´Kean usaba la metáfora del juego. El Sistema obliga a los Estados a jugar, siguiendo unas determinadas reglas: hay que competir. En esa competición, países emergentes como China o La India han ocupado el hueco dejado por otros países, como por ejemplo España. Si queremos volver a recuperar nuestro espacio en este sistema globalizado, tenemos que competir tan fuerte como ellos y, como proponen los partidos tradicionales, siguiendo la misma estrategia: convertirse en un país más productivo. Más productivo a costa de abaratar costes. Abaratar costes a costa de bajar sueldos, reducir jornadas laborales o hacer despidos.

Frente a esto, hay movimientos sociales y políticos que están diciendo: "No jugamos". El Sistema es demasiado competitivo para nosotros, y no queremos jugar. Ya nos inventaremos nuestro propio juego, con nuestras propias reglas, e invitaremos a jugar a quienes nosotros queramos que jueguen, pero... No queremos jugar a este juego. Una postura que genera una gran incertidumbre, porque... Es que éste es el juego que hay. La partida está en marcha, y si ahora vienes tú a decir que te sales del tablero y que juegas por tu cuenta... No es malo. Ni bueno. Sencillamente, no tenemos ni idea de qué puede pasar.

Así que en principio, tan legítima y razonable es la postura que defiende que lo que hay que hacer es jugar más fuerte para ganar (partidos tradicionales), como la que postula lo contrario: vamos a jugar a otra cosa, y a ver qué pasa.

Sólo que...

Sólo que esto no se trata únicamente de una cuestión de Estados. No son los Estados los que compiten. Somos las personas. Este juego nos está afectando, a nosotros, a todos, y mucho. Nos hemos vuelto hipercompetitivos, vivimos en una vorágine de celeridad, produciendo como locos de lunes a viernes, y luego llega el fin de semana y nos metemos en un bar para beber para olvidar y a eso lo llamamos felicidad. Pero no lo es, es sólo una válvula de escape. Escapamos del estrés, de la depresión, de la ansiedad... De la locura de un sistema que nos maneja como figuras de un juego de rol que, con el transcurso de la partida, tienen que volverse cada vez más listos, eficicentes y eficaces, cada vez más currículum y más títulos, para conseguir ser las piezas del juego más valiosas, pero no lo somos, ¡no lo somos!, no somos piezas, no somos máquinas, no hemos venido a este mundo para producir-consumir, producir-consumir, producir-consumir... ¡Somos personas que sólo vamos a vivir una vez en la vida y queremos ser felices, no queremos ganar ningún juego, basta!

... Y luego están los días como hoy.

Porque días como hoy, que suceden muy pocas veces en la vida, no se te está preguntando solamente si quieres que manden los morados, los azules, o los rojos... La pregunta que se te hace un día como hoy es: ¿quieres jugar a esto... o quieres cambiar las reglas del juego?

Por eso días como hoy, no vale girar la cabeza y mirar para otro lado, no... O dices que juegas, o dices que no juegas y que quieres jugar a otra cosa.

Si te abstienes, les estás dando permiso para que sigan jugando por ti. Sólo que en este juego no juegan sólo ellos. Juegan contigo. Tú eres su pieza, figura.

Así que decide. ¿Juegas o no juegas? Hazlo, no mires para otro lado. Está en juego algo demasiado importante.

Tu vida. Tu felicidad. Y la de los que te seguirán a ti. Así que juega, ¡juega hoy, maldita sea!, aunque sólo sea para decir: "Ya no juego más".

sábado, 25 de junio de 2016

REFLEXIÓN



Hoy voy a respetar la jornada de reflexión, y por ello, no voy a pedir por tu voto. Sí te voy a invitar a hacer una reflexión. Una curiosa reflexión.

Y es que resulta, valga la redundancia, curioso, el evidente paralelismo entre lo que ha sucedido en Reino Unido y el Brexit y lo que puede pasar mañana, más que previsiblemente, con las Elecciones Generales en España.

El jueves los británicos decidieron sobre su continuidad en Europa. Ganó el "Brexit", el salir fuera de la Unión Europea. En sólo 24 horas, se han reunido más de 1 millón de firmas para repetir el referéndum. Los motivos: ¿puede sólo el 51% de la población decidir sobre el destino del otro 49% restante, más si cabe cuando la mayoría de ese 51% son personas de más de 60 años? Es decir, en RU son las personas a las que les quedan unos 20 años de vida, las que han decidido el futuro de las que les quedan 50 o 60 años de vida, con sólo un 1 y pico por ciento de diferencia.

El paralelismo con las elecciones en España es el siguiente: el PP y el PSOE no son la primera fuerza política en España nada más que partir de los 50 años (en el caso del PSOE) y los 60 años (en el caso del PP). Resulta que la mayoría de las personas a partir de 50 años tienen un trabajo estable o una pensión asegurada. Resulta que la mayoría de los jóvenes en España no tienen trabajo, ni casa, ni futuro... a pesar de que los jóvenes son el futuro.

¿¿¿No es acaso esta situación para, al menos, reflexionar un poco???

Por supuesto, la solución no pasa por prohibir el voto a estas personas o hacer que su voto no valga lo mismo porque "es que como usted va a vivir menos", ni ninguna otra idea demencial de por el estilo que pueda sobreveniros a la cabeza. No estoy escribiendo estas líneas para que el Sistema haga algo para corregir lo que me parece, desde una óptica muy subjetiva, una injusticia social. Escribo esto para que TÚ hagas algo.

Yo en su día me puse a hablar con mis padres, con mi tía y con mi abuela, y les dije que votaran a Podemos. Les dije que si querían que no me volvieran a regalar nada nunca más, ni me dieran dinero para salir, ni me compraran un coche o me ayudasen cuando estuviera flaco de economía... Pero que me dieran su voto. Porque era yo el que no tenía trabajo, porque era yo el que no tenía casa. Porque soy sobre todo yo el que de todos ellos, mira hacia el futuro con más incertidumbre.

Les convencí. Y mi abuela, siendo de Derechas de toda la vida, votó a Podemos, antes de morir.

Alguno pensará que esto es una auténtica barbaridad, un disparate, una anormalidad democrática, que el voto es personal, indelegable, bla, bla, bla... El voto es un acto más, importante sí, pero un acto más de la conducta humana, y se puede hacer sólo pensando en uno mismo, desde una postura rígida e inmovilista, para defender sus propios ideales, o no.

O no.

También se puede hacer como un actor de amor, confianza y solidaridad hacia aquéllos que más quieres. Aunque pienses que aquéllos que más quieres puedan estar equivocados. "Bueno... también lo puedo estar yo. Que decidan ellos al menos".

Me gusta imaginarme a mi abuela pronunciado esas palabras.

Por eso hoy a ti, a ti que no tienes trabajo, que no tienes casa, que quieres pagarte tu ocio y tu coche sin depender más que de ti mismo, a ti te pido que te sientes hoy con tus mayores, con tus padres, con tus abuelos, que te sientes delante de ellos PARA HABLAR, para decir, para contar...

Y para hacer una pequeña invitación, a la reflexión.

domingo, 12 de junio de 2016

LOS IMPRESCINDIBLES



Campaña electoral. Se abre la veda para las propuestas, las promesas, los debates, los "y tú más", y hasta para los spots con gatitos.

Yo no vengo a hablaros de gatitos (que me encantan, a pesar de que soy alérgico), sino de personas.

Personas que llevan años sin encontrar un empleo, aún cuando incansables no dejan de buscarlo.

Personas haciendo colas en bancos de alimentos.

Personas sin casa o sufriendo cada día la agónica espera de que le echen a la calle.

Personas que se van a otro país, lejos de familia y amigos, para buscar un futuro que aquí no encuentran.

Personas que pasan frío en invierno, que no llegan a mitad de mes, que trabajan por horas, o con jornadas de 10-12 horas al día por un sueldo de miseria, personas dependientes que no reciben ningún tipo de ayuda, personas que se saltan una comida para que sus hijos puedan comer...

Si juntáramos a todas esas personas en una plaza (ya tendría que ser grande la plaza) y las invitáramos a expresarse, es muy probable que todas al unísono, lanzaran un grito de rabia, y que ese grito dijera: ¡¡¡CAMBIO!!!

Ése grito de rabia reclamando un cambio, sería fuerte, sería impactante, sería rotundo... Pero no nos engañemos, no sería más fuerte, impactante y rotundo que el silencio posterior.

Os voy a hablar de otro tipo de personas que, afortunadamente, también existen.

Son personas que tienen un trabajo estable y un sueldo con el que llegan holgadamente a final de mes, e incluso pueden permitirse algún pequeño lujo de vez en cuando: unas vacaciones a un país exótico, alquilar un chalet a pie de playa, ir a ver El Rey León a Madrid... Hasta pueden ahorrar para invertir en un plan de pensiones con el que asegurarse una cómoda jubilación. Y todavía les quedaría para ayudar a los hijos a pagar sus estudios.

Insisto: no hay nada malo en que existan estas personas. Al revés, es bueno. Todo lo que tienen lo han ganado con el sudor de su esfuerzo, y por otra parte, contribuyen al crecimiento y estabilidad de un país gracias a su potencial de consumo y de aportación fiscal. ¡Qué narices, ojalá todos fuéramos como esas personas!

El problema (porque para mí es un problema), es que a muchas personas de este segundo grupo de personas, no les importa las personas del primero. No es que sean insensibles a los padeceres de aquéllos: se emocionan cuando echan de su casa a una familia con hijos pequeños y se indignan cuando trabajadores tienen que luchar por que no les despidan de empresas con alto porcentaje de beneficios. Pero la verdad es que no moverían un dedo por ellos. Y no les juzgo, no les crítico, simplemente digo que es así.

A muchas de las personas que forman parte de este 2º grupo de personas, la palabra CAMBIO, no les dice nada. ¿Cambio pa qué? Ellos están bien, tienen problemas como todo el mundo, y no siempre les salen las cuentas, pero en general, en el terreno laboral y económico, están bien. ¿Así que cambio pa qué?

Mucho menos cuando les dicen que por culpa del CAMBIO pueden perder todo lo que han logrado con tanto esfuerzo. "Mirad si no lo que pasa en Venezuela, o lo que está pasando en Grecia..." Aparece entonces una fuerza mucho más influyente que la indiferencia, y que es el MIEDO.

"¿Cambio? ¿Para perder mi posibilidad de irme de vacaciones cuando me apetezca porque me bajen el sueldo, o para que me acaben quitando las pensiones?"

Lo entiendo. Yo también tendría miedo. No juzgo a nadie. Lo que pasa es que quiero creer que, dentro de ese 2º grupo de personas, también hay muchas personas cuya EMPATÍA es mucho más fuerte que su indiferencia, y cuya ILUSIÓN mucha más poderosa que su miedo.

Personas que creen que un mundo más justo e igualitario 
es posible, para todos,
y sin grandes sacrificios.

Y hoy, aquí, quiero celebrar, que existen esas personas. Nadie sobra, pero vosotros... Vosotros sois Los Imprescindibles.