"Si luchas, puedes perder. Si no luchas, estás perdido".


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domingo, 21 de octubre de 2018

LO QUE MÁS VALE EN EL MUNDO ES EL DINERO



Las personas de la mayoría de los países vivimos en una sociedad en la que el dinero tiene un papel básico.

Eso a priori no tiene por qué ser malo, puede ser incluso un buen sistema: en razón a mi esfuerzo y productividad se me compensa con un dinero que me sirve para acceder a distintos recursos que son limitados.

El dinero en sí no es malo. Ni siquiera el capitalismo en sí es malo.

El problema aparecería si el dinero fuera el valor más alto dentro de nuestra escala de valores. El problema... El problema hace tiempo que ya ha aparecido.

Cada persona puede tener su propia escala de valores. Pero no podemos obviar que la escala personal de cada uno va a estar muy condicionada por la escala social, el pensamiento individual está influenciado por la mentalidad colectiva.

En el sistema económico capitalista, mantenido y fortalecido por las políticas neoliberales que rigen a la mayoría de países ricos, el dinero es el primer valor. Y cuando el dinero se convierte en el valor máximo, por encima de otros valores como la dignidad, la solidaridad, el amor, la tolerancia, el respeto, la felicidad o incluso la propia vida, aparecen consecuencias que no son muy positivas para el desarrollo de las personas y de las comunidades.

Si el dinero es el valor máximo, qué impide que:

- Se puedan invadir países a cambio de petróleo.

- Se puedan vender armas a países que matan población civil indiscriminadamente.

- Se pueda negar la entrada a personas que huyen del hambre y las guerras, porque "nos van a quitar trabajo".

- Se pueda hacer negocio con productos de primera necesidad como la vivienda, la energía o los alimentos básicos.

- Se pueda vender comida con todo tipo de productos químicos que afectan de manera negativa a nuestra salud.

- Se pueda administrar medicamentos que no sanan y que además provocan efectos secundarios y dependencias.

- Se pueda maltratar a un animal hasta la muerte en una plaza de toros, y a muchos animales más en granjas hacinadas, para sobrealimentarnos.

- Se pueda echar a familias de sus casas porque prima el interés de los bancos.

- Se pueda explotar laboralmente a todo tipo de personas de cualquier edad y en cualquier parte del mundo.

- Se pueda permitir que unos pocos en el mundo tengan más que los miles de millones más pobres.

- Se pueda acabar lentamente con el planeta, matando el futuro de nuestros niños.

- Se pueda educar a nuestros hijos para que sean productivos, en lugar de enseñarles a ser felices.

Todo esto pasa hoy en el mundo porque el dinero está por encima de todo.

Podemos revertir el orden de esta escala. ¿Cómo? Revirtiendo nuestra propia escala de valores.

Saliéndonos del guión establecido, superando el modelo mental social dominante. Pensando de manera autónoma y crítica. Libre.

Y actuando con coherencia a nuestra propia escala de valores.

Si para ti el amor, la felicidad, la vida, están por encima del dinero, recuérdatelo muy a menudo, pregúntate si estás viviendo conforme a ello, y si no lo estás haciendo: ENTONCES CAMBIA.

Porque puede que tú no cambies el mundo, pero el mundo sólo cambiará, si tú cambias.

Un abrazo.

domingo, 26 de junio de 2016

EL JUEGO



Para los de la abstención...

Jose María O´Kean, economista, ayer en una entrevista para La Sexta Noche, decía esto sobre el Brexit: lo que ha pasado en Reino Unido nos sirve para ver que los movimientos nacionalistas, por un lado, y los antisistema, por otro, no son una moda efímera, sino una respuesta ante el nivel de competitividad que exige el Sistema Globalizado.

Para que lo entendamos, O´Kean usaba la metáfora del juego. El Sistema obliga a los Estados a jugar, siguiendo unas determinadas reglas: hay que competir. En esa competición, países emergentes como China o La India han ocupado el hueco dejado por otros países, como por ejemplo España. Si queremos volver a recuperar nuestro espacio en este sistema globalizado, tenemos que competir tan fuerte como ellos y, como proponen los partidos tradicionales, siguiendo la misma estrategia: convertirse en un país más productivo. Más productivo a costa de abaratar costes. Abaratar costes a costa de bajar sueldos, reducir jornadas laborales o hacer despidos.

Frente a esto, hay movimientos sociales y políticos que están diciendo: "No jugamos". El Sistema es demasiado competitivo para nosotros, y no queremos jugar. Ya nos inventaremos nuestro propio juego, con nuestras propias reglas, e invitaremos a jugar a quienes nosotros queramos que jueguen, pero... No queremos jugar a este juego. Una postura que genera una gran incertidumbre, porque... Es que éste es el juego que hay. La partida está en marcha, y si ahora vienes tú a decir que te sales del tablero y que juegas por tu cuenta... No es malo. Ni bueno. Sencillamente, no tenemos ni idea de qué puede pasar.

Así que en principio, tan legítima y razonable es la postura que defiende que lo que hay que hacer es jugar más fuerte para ganar (partidos tradicionales), como la que postula lo contrario: vamos a jugar a otra cosa, y a ver qué pasa.

Sólo que...

Sólo que esto no se trata únicamente de una cuestión de Estados. No son los Estados los que compiten. Somos las personas. Este juego nos está afectando, a nosotros, a todos, y mucho. Nos hemos vuelto hipercompetitivos, vivimos en una vorágine de celeridad, produciendo como locos de lunes a viernes, y luego llega el fin de semana y nos metemos en un bar para beber para olvidar y a eso lo llamamos felicidad. Pero no lo es, es sólo una válvula de escape. Escapamos del estrés, de la depresión, de la ansiedad... De la locura de un sistema que nos maneja como figuras de un juego de rol que, con el transcurso de la partida, tienen que volverse cada vez más listos, eficicentes y eficaces, cada vez más currículum y más títulos, para conseguir ser las piezas del juego más valiosas, pero no lo somos, ¡no lo somos!, no somos piezas, no somos máquinas, no hemos venido a este mundo para producir-consumir, producir-consumir, producir-consumir... ¡Somos personas que sólo vamos a vivir una vez en la vida y queremos ser felices, no queremos ganar ningún juego, basta!

... Y luego están los días como hoy.

Porque días como hoy, que suceden muy pocas veces en la vida, no se te está preguntando solamente si quieres que manden los morados, los azules, o los rojos... La pregunta que se te hace un día como hoy es: ¿quieres jugar a esto... o quieres cambiar las reglas del juego?

Por eso días como hoy, no vale girar la cabeza y mirar para otro lado, no... O dices que juegas, o dices que no juegas y que quieres jugar a otra cosa.

Si te abstienes, les estás dando permiso para que sigan jugando por ti. Sólo que en este juego no juegan sólo ellos. Juegan contigo. Tú eres su pieza, figura.

Así que decide. ¿Juegas o no juegas? Hazlo, no mires para otro lado. Está en juego algo demasiado importante.

Tu vida. Tu felicidad. Y la de los que te seguirán a ti. Así que juega, ¡juega hoy, maldita sea!, aunque sólo sea para decir: "Ya no juego más".