"Si luchas, puedes perder. Si no luchas, estás perdido".


domingo, 12 de marzo de 2023

LAS TRES GRANDES FALLAS DEL FEMINISMO


Soy simpatizante del movimiento feminista. Estoy absolutamente convencido de que la mujer, en cualquier lugar del mundo, por el simple hecho de nacer mujer dentro de un sistema patriarcal, parte de una situación de desigualdad, y que los gobiernos, que representan al Estado (que somos todos), han de generar políticas que favorezcan a la mujer, en pos de buscar esa igualdad real y efectiva.


Ahora bien, más allá de eso, creo que el movimiento feminista tiene tres grandes fallas que paso a explicar ahora:


1. En primer lugar las feminazis. Estas son como las meigas: haberlas, haylas. Ni creo que sean, para nada, mayoría dentro del movimiento feminista y, desde luego, no lo representan, más bien lo ensucian. Pero, la verdad es que hay mujeres que se hacen llamar feministas, es decir, defensoras de los derechos de la mujer en búsqueda de una igualdad real, y, en realidad, lo que son es unas "odiadoras" de los hombres.  Rivalizan con el hombre y lo hostilizan, cuando el movimiento feminista debería ser un movimiento de todos, protagonizado por mujeres, sí, no cabe duda, pero con la complicidad y colaboración de los hombres. Y esa hostilidad, obvio, no crea unidad, sino solo más brecha entre nosotros y nosotras.


2. En segundo lugar, la importancia que se da el movimiento feminista a sí mismo. De hecho, esto pasa hoy con casi todos los movimientos. Hoy se han puesto de moda las pequeñas luchas colectivas: las feminista a lo suyo, los gays y lesbianas a lo suyo, los trans a lo suyo, los inmigrantes por un lado, los pensionistas por otro... ¿¿¿Y el movimiento obrero qué??? ¡Ha desaparecido! ¡Y obreros somos todos! Es increíble. Y no me vale con decir que ahí están los sindicatos, totalmente politizados y defensores únicamente de sus sindicados, ni que la mujer es la mitad de la población, porque no es lo mismo ser mujer en España que ser mujer en Irán. Todavía hay cosas por las que luchar, si eres una mujer en el mundo occidental, pero desde luego, deberían ser una prioridad nuestros derechos como trabajadores, porque debido a la desigualdad económica cada vez es más amplia en un mundo cada día más ferozmente capitalista, y lo derechos humanos. Trabajar tenemos que trabajar todos, comer tenemos que comer todos, y mientras nosotros nos sigamos dividiendo en luchas más pequeñas, los elitistas nos mearán cada vez más fuerte en la cara.


3. El problema del sexo. A ver si nos enteramos de una vez: mujeres y hombres somos diferentes. A los dos grupos nos gusta el sexo, eso para empezar. Pero no nos gusta de la misma manera y no nos han educado igual. Los hombres somos más visuales, nuestras pulsiones sexuales se despiertan más a través de los ojos, mientras que las mujeres son más sensitivas (la voz, el olor, las palabras...). Estoy generalizando, por supuesto. ¿Por qué digo esto? ¡Porque estoy harto de que a los hombres se nos censuren por estar salidos! Sí, estamos salidos, y es natural, es normal. Vemos a una mujer atractiva por la calle y nos chorrea saliva, y nos descoyuntamos el cuello, y nos pegamos codazos entre nosotros como monos. ¿Y qué? Que estemos salidos no significa que seamos acosadores ni violadores. Nos gusta el sexo, nos gustan las mujeres y nos gusta manifestarlo y no pasa nada, siempre y cuando no molestemos directamente a nadie. Pongo un ejemplo: si un grupo de hombres está en la terraza de un bar y uno de ellos molesta continuamente a la camarera con insinuaciones sexuales, claramente está mal, la está acosando, y no es que esté ligando con ella porque la chica está trabajando y no es el momento de buscar un romance; pero, si el chico lo que hace es comentar lo buena que está la camarera y compartir con sus amigos que le encantaría probar todas las posturas del Kamasutra con ella, y ahora una chica en una mesa de al lado se levanta y le dice "Perdona, pero creo que lo que estás haciendo es una falta de respeto", ¿¿¿realmente lo es??? Insisto: nos gusta el sexo y nos gustan las mujeres, y eso NO ES MALO, siempre y cuando no molestemos, directamente, a nadie. Por otra parte, igual que a las mujeres no la han reprimido en la expresión de sus emociones y a nosotros sí, las mujeres sí que han tenido un estilo educacional (y, aún hoy, lo siguen teniendo) diferente en cuanto al sexo. Los chicos pueden hablar más abiertamente de ello, las chicas han de cuidar más las formas. Todavía, en muchas familias, países, culturas, está mal visto que la mujer sea más sexualmente activa, que hable con naturalidad del sexo tanto con mujeres como hombres, que se masturbe o que tome la iniciativa. En este sentido, estaría muy bien que ellas nos enseñaran a ser más inteligentes emocionalmente, que falta nos hace, y ellas aprendieran de nosotros a autocensurarse menos. De nuevo, vuelvo a generalizar. Hay muchos tipos de hombres y muchos tipos de mujeres, pero las diferencias intergrupales están ahí.


En definitiva, creo que hay mucho en lo que podemos colaborar, unirnos, y aprender unos de otras. La unión hace la fuerza. Y la fuerza, no entiende de género. ¡Un abrazo!

domingo, 5 de marzo de 2023

EL ASUNTO FERROVIAL



Esta semana se hacía pública la salida en España de la empresa constructora Ferrovial, después de décadas formando parte del tejido empresarial de nuestro mercado. Ferrovial es una de las empresas del IBEX 35, es decir, una de las empresas con mayor liquidez en España. Lleva existiendo desde hace décadas y ha recibido incontables ayudas y contratos por parte de los diferentes gobiernos. La empresa aduce tomar esta decisión porque en Países Bajos (estado en el que tributará a partir de ahora) la calificación de su deuda sería más positiva y eso le permitirá entrar en la bolsa norteamericana. 


Es decir, para expandirse y mejorar, aún más, su margen de beneficios.


Frente a esta noticia, dos posturas. La del Gobierno PSOE-Unidas Podemos, que ha criticado duramente la decisión y ha señalado como responsable de la misma al presidente de la empresa, Rafael del Pino Calvo-Sotelo, la tercera mayor fortuna del país e hijo del fundador de Ferrovial en época franquista. Y la postura de la oposición, que hace responsable al gobierno por no poner en marcha políticas fiscales más atractivas que hagan que las empresas quieran quedarse.


Desde luego, esa es una tesis, aparentemente, muy válida, ¿no? Podríamos pensar que si nos gobiernan partidos que apuestan por una economía más redistributiva en base a los impuestos de todos y a que los que más tienen más impuestos paguen, al final, los que más tienen se van a ir, repercutiendo su marcha en la economía y en el trabajo, por lo que es mejor hacer políticas liberales que contenten a esas grandes empresas y fortunas para que se queden y sigan generando riqueza y puestos de trabajo en nuestro país.


Sin embargo, para los que pensamos diferente, la noticia de Ferrovial no tiene por qué significar una falla de las políticas social-demócratas, sino una oportunidad. Una oportunidad para reafirmarse en estas políticas, que, al contrario que las liberales, no persiguen como máximo objetivo la libertad individual y empresarial, libertad que en la mayoría de los casos es usada para el enriquecimiento personal y que tienen como consecuencia el acaparamiento de las riquezas en manos de unos pocos, sino que buscan como máxima la igualdad social. Porque, donde se va Ferrovial, queda un hueco, y ese hueco puede ser ocupado por mejores empresas. Empresas con alma.


El mensaje de que se pueden hacer las cosas, en el ámbito de las organizaciones, de una manera diferente a como se han estado haciendo en los últimos tiempos, está calando entre la gente. Y, aunque todavía somos minoría los que pensamos así, cada día somos más. Cada vez hay más empresas concienciadas con el medio ambiente y con una economía más justa y social. Y no solo las empresas, también los autónomo y los pequeños comercios. Cada vez hay más personas que quieren ganarse la vida, y ganársela bien, pero teniendo en cuenta el impacto que provocan en el planeta y en la sociedad en la que desarrollan su actividad.


El caso Ferrovial es una oportunidad. Una oportunidad para decirles a los capitalistas despiadados, aquellos que priorizan los beneficios económicos por encima de cualquier valor ético y moral, que no los queremos, que se vayan, que no cuenten con nosotros, y que ya vendrán otros, otros mejores. Una oportunidad, en definitiva, para empezar a desarrollar una economía más sana, justa y humana.


Por favor, políticos, empresarios, vecinos... no perdáis esta oportunidad. Gracias.

domingo, 19 de febrero de 2023

MALOS TIEMPOS PARA EL AMOR



Llevaba un tiempo largo sin escribir en Diario. Y los motivos han sido la ansiedad y la depresión. Sí, en un mundo en el que los trastornos mentales y emocionales van en aumento, los psicólogos tampoco estamos exentos de padecerlos.


La explicación de este incremento, muy posiblemente, sea multifactorial. Y, dentro de esos múltiples factores, resulta una evidencia que el modelo de sociedad en el que vivimos es más que influyente. Muchos de los problemas psicológicos de las personas que, por ejemplo, acuden a mi consulta, están potenciados por el estrés, la incertidumbre, las conexiones interpersonales cada vez más frágiles, el estilo de vida hedonista...


Sin embargo, los problemas de sufrimiento moral no devienen de esta época actual, sino que ya existían mucho antes. Los primeros, quizá, que se interesaron por la naturaleza de la felicidad y la infelicidad humanas fueron los filósofos griegos, con Sócrates a la cabeza. Estos pensadores se preguntaban cómo se podía vivir una buena vida, y en su afán de encontrar respuestas dieron con una serie de virtudes y una serie de vicios, es decir, una serie de actitudes y conductas que propiciaban o dificultaban esa buena vida, ya fuera en el plano individual como en el comunitario. Por ejemplo, para la mayoría de filósofos, el arte, la cultura, la templanza, el equilibrio, la razón y la búsqueda del bien común, eran virtudes. Mientras que la soberbia, el orgullo, el egoísmo, el dejarse llevar por las pasiones y la avaricia eras vicios.


La avaricia. Es curioso, ¿verdad? Sí, es curioso, porque precisamente lo que fue valorado como un vicio del alma humana por grandes pensadores de la antigüedad es ahora, en tiempos del capitalismo, valorado como una virtud. Son los avariciosos los que más prosperan en la era del capital. No es que esté permitido ser avaricioso, no es que se perdone, es que se premia. Y, con ella, gracias al "blanqueamiento moral" de la avaricia, también se acaba reforzando la individualidad, el egoísmo, la competitividad y el materialismo.


Así pues, en una escala de valores como esta, con la que los sabios antiguos vomitarían al conocerla, ¿qué impide al presidente de los empresarios en España incrementarse el sueldo hasta los 400.000 euros anuales al tiempo que pide que no se suba el sueldo mínimo de los trabajadores? (noticia aquí) ¿Qué impide a los directivos del IBEX 35 cobrar 123 veces más que el sueldo medio de los empleados de sus empresas? (aquí) ¿Qué impide que los banqueros y dueños de las energéticas, que han aumentado en mucho sus ingresos millonarios gracias a los efectos colaterales de la invasión a Ucrania, se opongan a pagar un impuesto especial para gravar esos beneficios extraordinarios? (aquí) Y, sin irnos tan pa´rriba en la escala social, ¿qué impide a un "pequeño propietario" (entre una y diez viviendas), que tiene más ingresos económicos que su inquilino, ahogarlo con una renta a precio de mercado desorbitada? (aquí


Pues, así las cosas, ¡como para no volverse loco, ¿verdad?!


Sin embargo, quiero terminar este nuevo post-post-enfermedad con un tono positivo. Todavía tengo esperanza. Esperanza en que gente como tú no defiende esta escala de valores y sabe distinguir entre lo que es un vicio (codicia) y lo que es una virtud (búsqueda del bien común). Gente que, independientemente de las siglas (PSOE, PP, Podemos...) y de las etiquetas (capitalista, comunista, socialdemócrata...), aspira a un modelo social distinto al que tenemos, un modelo en el que el valor sea la cooperación y no la competitividad, el desarrollo personal y comunitario y no el materialismo, la amabilidad y no la hostilidad, el amor y no el dinero.


Un mundo más sano... y que no sea una locura. Gracias.

domingo, 3 de abril de 2022

EL MEJOR INTERLOCUTOR POSIBLE



Mucho le está cayendo al Gobierno de coalición desde que gobierna, y solo lleva poco más de dos años. Que si una pandemia, que si un volcán, que si ahora una guerra... Y, por supuesto, palos y más palos desde una oposición cada vez más extremista, y también por parte de una población ya agotada de tantas crisis.


Sin embargo, yo que tanto he criticado a los políticos, hoy me toca defenderlos. Y es que, independientemente de lo mejor o peor que esté gestionando estas crisis el gobierno de Pedro Sánchez, lo cual es muy discutible (es decir, perderíamos muchas horas discutiendo sobre ello), hay un hecho trascendental que ha ocurrido hace solo unos días y del que se está hablando muy poco: España y Portugal lograron un acuerdo en el Consejo Europeo para poder plantear medidas particulares con las que reducir los precios de la energía. Y, poco después, han propuesto a Bruselas topar el precio del gas en 30 euros para abaratar la luz. 


No nos olvidemos de esto. Sobre todo, a la hora de votar, no nos olvidemos de esto porque es muy muy importante.


No nos olvidemos de que las eléctricas tienen beneficios millonarios.


No nos olvidemos de que la medida planteada por este gobierno es claramente intervencionista sobre el mercado.


No nos olvidemos de que es una medida orientada a quitarle poder a las compañías energéticas y proteger al ciudadano.


No nos olvidemos que los gobiernos liberales de derechas estas cosas no las hacen, no las tocan, porque para ellos la libertad de mercado es sagrada. Da igual cuánto abuso se cometa en nombre de esa libertad de mercado.


Y no nos olvidemos porque, al fin y al cabo, este gobierno no será perfecto, ninguno lo es, y habrá cometido errores y los seguirá cometiendo, pero a estas alturas, sabiendo cómo funcionan las cosas, conociendo que las decisiones políticas están muy limitadas por el poder financiero, es estúpido exigir a los políticos que nos salven. Ellos no pueden salvarnos. Solo nosotros podemos salvarnos a nosotros mismos. Si queremos sobrevivir a esta crisis y a otras peores que van a venir luego, solo nos queda organizarnos como sociedad civil, agruparnos como trabajadores, como consumidores, como ecologistas... frente a las organizaciones. Y esperar que en medio, entre unos y otros, esté el mejor interlocutor posible para nuestros intereses.


Y recuerda que un gobierno que toma medidas como estas frente a las eléctricas es, sin duda, aunque no sea perfecto, el mejor interlocutor posible.


No nos echemos piedras contra nuestro propio tejado. Esto no va de estar contra la clase política. Esto va de reagruparnos y construir juntos, con los políticos. Y, para ello, necesitamos políticos que estén dispuesto a escucharnos y tomar medidas a nuestro favor y en contra de las organizaciones. No podemos hacer frente al poder financiero sin los políticos. Ellos nos necesitan y nosotros a ellos.


Con un gobierno liberal de derechas que priorice los intereses de las organizaciones frente a los del pueblo, eso nunca va a pasar.



Con un gobierno como este, sí es posible. Pero no depende solo de ellos. También de nosotros.


Entre nuestro lado y el de las corporaciones, necesitamos un gobierno en medio que esté dispuesto a escucharnos y a arrimar el hombro en nuestra lucha.


Este gobierno, con dos crisis globales recientes, ha demostrado que está dispuesto. Este es el mejor interlocutor posible. Y eso es muy importante.


No lo olvides. Nunca. Porque si lo olvidas...


... estamos vendidos.

domingo, 27 de febrero de 2022

EL ACCIONARIADO

 Así funciona el mundo:

Si un país invade a otro país, si ejerce cualquier tipo de acción belicosa contra él, debería ser bloqueado y, por ende, aislado económicamente del resto del mundo. Se han de ejecutar, por tanto, duras acciones económicas contra el país invasor.

Sin embargo, hacerlo tendrá repercusiones negativas contra las economías de los países sancionadores, ya que nos encontramos en un mundo económicamente interdependiente: la globalización. Así, por ejemplo España, y Europa en general, compra mucho petróleo y gas a Rusia, vende gran diversidad de productos a Rusia, y tiene empresas que hacen negocios en Rusia.

Estas repercusiones negativas en la economía de los países sancionadores serían fácilmente compensadas, repito: fácilmente compensadas, si los Estados, en situaciones de crisis como estas, que no afectan a Rusia y a Ucrania únicamente, sino a todos, intervinieran en el sector privado para paliar los efectos de la crisis repartiendo los ingresos de las organizaciones y fortunas que más beneficios obtienen, a través de fuertes subidas de impuestos y de control de los precios. Sería algo así como pedir (o exigir) a los tenedores de capital privado que arrimen el hombro, decirles que cuando las cosas van bien no pasa nada pero que cuando van mal tienen que ayudar a la sociedad que compra sus productos y servicios, repartiendo parte de sus beneficios en esa sociedad, y, por tanto, disminuyendo sus beneficios durante el periodo de crisis.

Esto ya de por sí es difícil. No, no es fácil imaginar a grandes empresarios y fortunas queriendo colaborar. Pero, sí que podríamos pensar que si la situación fuera muy complicada para todos  y el legislador se pusiera en su sitio, los magnates del mundo acabarían cediendo. Total, ya son multimillonarios, qué más les dará ganar menos millones, o incluso perder unos cuantos. ¡Si ya tienen dinero para muchas vidas!

Pues no, porque el mundo en el que vivimos es más complejo que eso. Resulta que las grandes empresas (las grandes tenedoras de capital) obtienen beneficios millonarios gracias a su capacidad de conseguir inversión. Gracias a los accionistas. Esta figura, el accionariado, es más compleja que la clásica figura del burgués capitalista con un sombrero que tiene el signo del dólar dibujado y que está fumando un puro. Un accionista puede ser tu vecino, tu amigo, tu padre. Un accionista suele ser una persona con dinero, sí, pero no tiene por qué ser tan rico, y mucho menos millonario. Puede ser una persona de clase media alta, o una persona de clase media media con unos ahorrillos. Y este personaje, el accionista, es una persona que ha metido su dinero en una entidad para verlo crecer y crecer y crecer. Lo que más que pueda crecer. Y si una empresa empieza a perder beneficios, o incluso solamente con que gane menos beneficios que el año anterior, el accionista ¡huye despavorido!, tomando su dinero y llevándoselo a otra empresa, o a otro país que no legisle en contra de sus acciones. Lo que pone en jaque al magnate empresario, que no quiere ver como su empresa desaparece, lo que ata de pies y manos al legislador, que no quiere provocar una fuga de capitales que signifique la pérdida de montones de empleos. Es así que, posiblemente, la figura del accionariado sea el eslabón más importante de la cadena.

Y este es el mundo que hemos creado y en el que vivimos. Un mundo cruelmente insolidario y competitivo, en el que ganar dinero, en el que seguir ganando dinero, está por encima de las muchas vidas humanas que se pueda llevar una guerra. Y quizá, pienso que quizá, para cambiar este mundo, no solo haya que poner el foco en el político y en el empresario (que también), sino en el vecino, en el amigo, en el padre. Para decirles que lo más importante, lo más más importante en el mundo, nunca debería ser el dinero, sino el amor.




jueves, 6 de enero de 2022

SOY ANTICAPITALISTA Y NO TENGO LA RAZÓN



Nuestra especie siempre ha estado enfrentada. Nuestros antepasado sapiens contra los neandertales (ganamos... y los extinguimos). Los cristianos contra los musulmanes. Los católicos contra los protestantes. Los comunistas contra los capitalistas. Los capitalistas de izquierda contra los capitalistas de derecha. Los del Barça contra los del Madrid y los del Betis contra los del Sevilla.


Sin embargo, ahora, en este momento de la vida, me doy cuenta, o me voy dando cuenta, de que no se trata de imponerse, no ya a través de la violencia, sino tampoco por medio de la razón. ¿Por qué he de vencerte yo con mis razones si, seguramente, tus razones son tan razonables como las mías?


Yo soy anticapitalista. Eso quiere decir que no quiero vivir en el modelo social, económico y político en el que vivimos. Quiero un modelo distinto. Pero mi modelo será malo y el tuyo será bueno, o al revés, en función de las preferencias de cada uno. Nos esforzamos, continuamente, e inútilmente, en decirles a los demás "Tú estás equivocado y yo tengo la razón, lo que yo pienso es lo mejor, y por tanto es lo único válido". Y los demás perciben e interpretan, acertadamente, que aquello que estás defendiendo no es La razón, sino Tu verdad, que es la mejor y más válida para ti pero no tiene porque serla para ellos. Y así es.


Quizá, la clave resida en dejar de decir "El mundo debe ser así porque yo tengo La razón" y empezar a decir "Yo quiero que el mundo sea así porque tengo estas prioridades".


Las personas que quieren un sistema capitalista y, más allá, una economía neoliberal, tienen sus propias prioridades: la libertad individual es la prioridad máxima. Las personas que, como yo, preferimos otro modelo, lo hacemos porque muy por encima de la libertad individual priorizamos la igualdad.


¿Y por qué habrían de existir personas, individuos, que priorizan la igualdad (un concepto que atañe al colectivo) frente a la libertad individual? "¡Nada hay más importante que la libertad individual!", pensarán los capitalistas. Piensan así no porque tengan razón o dejen de tenerla, sino por su interés. Su interés reside en que la libertad individual sea lo más sagrado porque si se protege ese interés obtienen otros intereses. Del mismo modo, yo, y como yo, pienso que muchos de los que queremos un modelo no capitalista, tenemos nuestros propios intereses, que resumo en dos:


1. Un interés altruista: priorizamos el bienestar de todos los humanos frente a nuestros propios intereses individuales. Es decir, nuestra prioridad no son los intereses egocéntricos (los que solo me interesan a mí) sino los que repercuten en toda la comunidad, como que se acaben el hambre y la pobreza de todos los seres humanos y el sufrimiento del resto de animales torturados. Y esto solo es posible conseguirlo priorizando la igualdad frente a la libertad individual.


2. Un interés personal: pensamos que en un modelo no capitalista cada uno de nosotros sería más feliz. Porque en un modelo no capitalista se priorizaría la colaboración frente a la competitividad (resultado: menos estrés), y la espiritualidad frente al materialismo, o el ser frente al tener (resultado: mayor fortaleza mental y emocional).


Antes os he dicho que soy anticapitalista. Ahora os digo que también soy psicólogo. Llevo más de veinte años estudiando la felicidad (y la infelicidad). Y estoy observando, junto a otros compañeros científicos como yo (no olvidemos que la psicología es una ciencia que estudia los procesos mentales implicados en la conducta del ser humano), que la venta de psicofármacos crece sin parar, que la demanda de atención psicológica se ha disparado, que los suicidios están aumentando cada día. Es decir, el sufrimiento (y la intolerancia al sufrimiento) se están cotizando cada vez más al alza. Y es probable que el modelo en el que vivimos tenga algo (o bastante) que ver.


Pero... puede que no. Puede que me equivoque. Y ahí reside, posiblemente, el quid de la cuestión: no se trata de vencerte con mis argumentos, sino de convencerte con mis preferencias. ¿Qué prefieres: competitividad o colaboración, materialismo o espiritualidad, libertad individual total o igualdad relativa global aunque esta implique algunas pérdidas de libertades individuales (que ya existen también, por cierto, en el modelo capitalista)?


Yo tengo muy claro cuáles son mis prioridades y preferencias. Y si consigo seducirte con ellas, genial. Y si no, pues mala suerte.


Pero... si un día, si un maldito día, son muchos más, muchos muchos más, los que coinciden con mi modelo que los que compartan el tuyo, entonces, la mala suerte para ti.

domingo, 18 de julio de 2021

A AMANCIO ORTEGA LE IMPORTA UNA MIERDA TU FELICIDAD

 El 5 de julio salió a la venta mi libro, "La dictadura de la felicidad".


Pero no he venido a hablar de mi libro.


Casi.


He venido a hablar de otro tipo de dictadura que padecemos todos, en mayor o menor medida, y que por supuesto afecta a nuestra salud mental y emocional. A nuestra felicidad.


La dictadura del capital.


Porque, si a estas alturas todavía crees que vives en una democracia, siento decirte que NO.


Ni de coña.


Si nos vamos a la definición de la palabra "democracia" según la RAE: "Sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes".


Si después de leer esta definición sigues pensando que vivimos en una democracia, je, tiene gracia.


Porque puede que nuestro sistema de gobierno esté basado en una democracia, pero, por cómo se han ido haciendo las cosas a nivel económico desde los años 70-80, la esencia de la democracia se ha perdido tanto que ya, in fact, no podemos hablar de una democracia que se aplique de forma consecuente con los principios democráticos.


Cuando se liberaron los mercados, es decir, cuando los mercados empezaron a emanciparse de las legislaciones de los estados democráticos, la democracia se arruinó, pues cuando bancos, grupos de inversión y multinacionales comenzaron a poder actuar libremente, los intereses que empezaron a dominar el mundo fueron los de estas entidades y no los del pueblo.


Entidades que, además, en la práctica tienen la capacidad de ejercer una influencia mucho mayor que cualquier ciudadano o colectivo de ciudadanos sobre las legislaciones que nos afectan a todos.


Entonces, si los mercados pueden hacer y deshacer a su antojo, independientemente de las elecciones de los ciudadanos, y pueden influir más en las leyes que se creen y apliquen que cualquier ciudadano, ¿en qué posición queda la democracia? ¿En qué posición quedamos nosotros, ciudadanos, pueblo?


En ninguna. No hay democracia, ya solo hay capitalismo. No hay ciudadanos, solo somos productores y consumidores. No importan nuestros derechos, necesidades ni intereses cuando estas se alejan de la cadena mercantil de producción-consumo. Solo importa que produzcas y consumas.


"A Amancio Ortega no le importa que te sientas feliz; 

lo que quiere es que le compres. 

A Donald Trump no le importa que te sientas feliz; 

lo que quiere es que lo votes. 

A J. P. Morgan Chase no le importa que te sientas feliz;

lo que quiere es que inviertas en él".

La dictadura de la felicidad.


Aquí es donde casan la dictadura del capital con la dictadura de la felicidad. Si tan necesario es que consumas para que se venda y se siga satisfaciendo la producción, los mercados (que son los que mayor capacidad de influencia tienen sobre nuestra forma de vivir en tanto en cuanto mayores posibilidades de hacer y deshacer y de influir en las leyes, y a los que además solo les interesa tu capacidad de producir y consumir) crean, mantienen y refuerza un modelo de vida en el que la prioridad no es ser feliz sino que produzcas y consumas.


Pero, como la motivación del ser humano no es la de producir y consumir, sino la ser feliz, van a hacerte creer que lo que necesitas para ser feliz es producir y consumir. Y cada vez producir más. Y cada vez consumir más. Y cada vez producir más y más. Y cada vez consumir más y más. Y...


Y ante tanta imposición para ser feliz, la felicidad se convierte en una puta dictadura. Una puta dictadura para mantener la dictadura más puta de todas: la del capital.


Por suerte o por desgracia, debido a los avances tecnológicos y a las, cada vez, más amplias desigualdades económicas, la mayoría de los ciudadanos dejaremos de ser imprescindibles para los mercados muy pronto (de hecho, ya está pasando). Así que, a los mercados no solo les importará una mierda tu felicidad. También que sigas vivo.


Puedes informarte más acerca de mi libro aquí. Y puedes comprarlo. Si quieres. Y si no quieres, que le den por culo, no lo compres.


Porque, al final, no saldremos de esta dictadura por oposición... sino por emancipación. Suerte y un abrazo.